Incubadora
una estrategia de autosustentabilidad
Mayor autosustentabilidad es mayor autonomía y menos dependencia a financiamientos, conocimientos o decisiones externas. Es mayor capacidad para decidir y negociar con otras iniciativas lo que le conviene a tu proyecto y lo que no. Es lograr una participación más equitativa que te permitirá construir modelos de desarrollo más integrales y más relevantes para todos. Es decir, más sustentables. Ver más
Una estrategia que usan varias iniciativas de desarrollo para hacerse más autosustentables es definir el rol adecuado para su proyecto, es decir, el papel que mejor les permita cumplir con sus objetivos aprovechando recursos, tiempo y esfuerzos. Uno de estos roles a elegir es el de incubadora.
El rol que adopta una iniciativa para atender el problema con el que trabaja tiene efectos muy importantes en la forma de diseñar su proyecto, la planeación y el uso que hará de sus fondos y muchos otros aspectos que tienen que ver con su capacidad de autosustentabilidad. Por eso, varias iniciativas reflexionan y toman decisiones respecto a qué es lo que quieren hacer con el problema que atienden. Algunas iniciativas deciden sentar las bases para erradicar el problema en el futuro; otras prefieren crecer y ser los mayores proveedores de algún servicio; y la meta de otras más es idear y experimentar soluciones que otros puedan replicar en otros sitios.
Las iniciativas que eligen desempeñarse como incubadoras han decidido que la mejor forma de aprovechar sus esfuerzos y recursos es promover y apoyar a proyectos con objetivos sociales parecidos o complementarios –ya sean educativos, de salud, de cuidado del medio ambiente, etc. Las incubadoras escogen propuestas con potencial o favorecen el desarrollo de propuestas nuevas, y luego dan recursos para hacerlas más sólidas y ampliar su impacto: asesorías, infraestructura, oportunidades de conocer clientes o colaboradores, eventos y talleres, financiamiento, etc. En otras palabras, las incubadoras se encargan de averiguar qué necesita cada proyecto para existir, subsistir o crecer, y ayudan con todos o algunos de estos aspectos del desarrollo del proyecto.
Al planear su autosustentabilidad, algunas iniciativas deciden que les conviene ser incubadoras porque se dan cuenta de que pueden aprovechar mejor sus recursos si los concentran en invertir en otros actores para crear o desarrollar soluciones. Así, por medio de estas colaboraciones, el impacto de la incubadora va a ser relevante para muchas más personas porque varios proyectos –y no uno solo– pueden llegar a más comunidades y tener un alcance más integral para resolver los problemas que les interesan. Además, las incubadoras que deciden colaborar con proyectos locales, pueden aprovechar el conocimiento del contexto y los recursos que estos aportan para responder a los intereses y necesidades específicos de cada localidad de forma más relevante. Así, las incubadoras distribuyen responsabilidades y crean capacidad para que haya más innovación en el campo del desarrollo y sus recursos se aprovechen mejor y multipliquen su impacto.
Algunas incubadoras dedican esfuerzos a juntar, orquestar o coordinar redes con la participación de expertos, tomadores de decisiones, donantes, profesionales y otros actores que pueden contribuir con los recursos necesarios para apoyar a otros proyectos (donando fondos, capacitando, desarrollando habilidades, etc.). Algunas otras invierten recursos y capacitación en proyectos que pueden ayudarlas a alcanzar un objetivo específico en diferentes regiones, poblaciones y comunidades (como ofrecer servicios de saneamiento o atención médica, por ejemplo). Y dentro de estas, algunas brindan apoyo con un esquema de fondos de contrapartida, es decir, “emparejan” con recursos económicos el valor de las diferentes contribuciones que los proyectos a los que apoyan logran comprobar (horas de trabajo, materiales, infraestructura, etc.) para así estimular que aprovechen sus propios recursos y se vuelvan más autosuficientes. Otras más impulsan proyectos de emprendimiento para fortalecer la capacidad de sus comunidades para resolver problemas con menor dependencia a recursos externos. Y algunas deciden dar un capital semilla a propuestas de desarrollo que consideran que tienen un buen potencial. Al incubar proyectos, muchas iniciativas son cuidadosas en diseñar un plan de salida para que, con el tiempo, los proyectos que apoyan puedan independizarse y funcionar por cuenta propia.