Participación, organización y negociación locales
una estrategia de autosustentabilidad
Mayor autosustentabilidad es mayor autonomía y menos dependencia a financiamientos, conocimientos o decisiones externas. Es mayor capacidad para decidir y negociar con otras iniciativas lo que le conviene a tu proyecto y lo que no. Es lograr una participación más equitativa que te permitirá construir modelos de desarrollo más integrales y más relevantes para todos. Es decir, más sustentables. Ver más
Una estrategia que usan varias iniciativas y proyectos de desarrollo para hacerse más autosustentables es promover la participación, organización y negociación locales.
Muchas iniciativas han notado que cuando la participación, la organización y la negociación locales están al centro de sus estrategias, sus intervenciones son más sustentables. Al fin y al cabo, los actores locales conocen mejor que nadie los problemas que les afectan y los recursos disponibles en el contexto en el que viven; por eso pueden proponer soluciones para enfrentar los retos de forma más sistémica y más integral. Además, que las poblaciones locales sean tomadas en cuenta y participen en la toma de decisiones hace el proceso más equitativo porque permite que se balanceen mejor las necesidades y los intereses de todos.
Cuando los miembros de una comunidad se involucran con las iniciativas contribuyendo con conocimiento, ideas, recursos y trabajo, o con su cercanía y vigilancia, muchas veces los proyectos se desenvuelven de forma más solidaria y transparente, lo que da certeza y atrae la participación de más apoyos externos.
Las organizaciones locales, asambleas y otros mecanismos de participación y organización local pueden ofrecer retroalimentación muy valiosa para planear y adaptar los proyectos para que se puedan volver más autosustentables –sobre todo si se aprovecha la diversidad de los participantes con estrategias como la administración rotativa, por ejemplo. Además, apoyarse en organizaciones locales permite mejor distribuir roles y responsabilidades en los proyectos para cubrir horas y áreas de trabajo que de otra forma costarían dinero, e identificar recursos o infraestructura que se pueden aprovechar.
Como la participación y organización locales muchas veces son muy difíciles de promover, algunas iniciativas diseñan dinámicas o modelos de trabajo para incentivar la participación y la cooperación con el proyecto: algunas organizan sistemas alternativos de intercambio que facilitan la organización en las comunidades para resolver problemas comunes (como el trueque). Otras forman gobiernos locales o nuevas organizaciones que permitan descentralizar la toma de decisiones (como los parlamentos escolares); otras facilitan actividades de diagnóstico participativo (como la creación de mapas comunitarios) que permitan recabar las opiniones y prioridades de todos; y otras más, lanzan campañas de movilización en redes sociales y otros medios con ayuda de influencers o personajes famosos.
Otras promueven la educación y formación de actores locales para que, a largo plazo, vayan adquiriendo las habilidades y conocimientos que les sean útiles para participar y organizarse en la solución de sus problemas. Algunas más establecen acuerdos de gestión compartida, por ejemplo. Y otras tantas se concentran en mejorar los mecanismos de comunicación interna o a nivel local para poder demostrar sus procesos y sus objetivos de forma clara y transparente, generando así confianza en las comunidades locales y motivándolas a participar.